Joel 3:9-10
«Proclamad esto entre las naciones, proclamad guerra,
despertad a los valientes, acérquense, vengan todos los hombres de
guerra. Forjad espadas de vuestros azadones, lanzas de vuestras hoces;
diga el débil: Fuerte soy.»
El siglo o las
décadas que nos permite el Señor vivir en su presencia, son tiempos de
muchos cambios. Cambios que deben ser aplicados por todos quienes
sentimos el llamado a luchar.
Partamos de una base:
los tiempos en que vivimos son tiempos de guerra. Nuestro enemigo sabe
muy bien que estamos en los días postreros; puesto que las señales
bíblicas se están cumpliendo, Satanás sabe de su inevitable derrota, no
hay ninguna posibilidad de que gane, ya fue vencido por Cristo en la
cruz, sólo esperamos ese momento en que sea atado.
En
este último tiempo que le queda, se dedica con todo su poder a llevar
el máximo de almas al infierno, para su eterna perdición. Esa es su
ocupación «El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir;» (Jn
10:10a). El enemigo está usando todas las armas posibles, todas las
estrategias alcanzables por él, para destruir a la iglesia de
Jesucristo. Inclusive el enemigo está tomando a muchos líderes
evangélicos para dañar a la Iglesia del Señor. Esto es una realidad,
horrible, pero cierta. Satanás está usando como engañadores a hombres y
mujeres que denominándose evangélicos o cristianos o hijos de Dios,
nunca conocieron la verdad, nunca tuvieron una relación personal con
Dios. Esas mismas personas, líderes religiosos evangélicos, están
siendo tomadas como instrumentos del mal. El enemigo está tratando de
ocupar todas las estrategias posibles, porque le queda poco tiempo.
«¡Ay de los moradores de la tierra y del mar! porque el diablo
ha descendido a vosotros con gran ira, sabiendo que tiene poco tiempo.» Ap 12:12b
La estrategia del diablo es lógica: Si viniera una persona
evidentemente con otro evangelio, otra enseñanza, de inmediato nos
levantaríamos a detenerlo, ya sólo porque es inconverso o porque
profesa otra religión. Pero si el enemigo toma como engañador a un
líder religioso etiquetado y reconocido como cristiano, una persona que
durante años se ha ganado la confianza de los seguidores de Jesús, de
seguro nuestra posición sería totalmente diferente: confiada, no
estaríamos alertas, como consecuencia aquellos que dicen profesar el
evangelio de Jesucristo a muchos engañarán «Porque se levantarán
falsos Cristos y falsos profetas, y harán señales y prodigios, para
engañar, si fuese posible, aun a los escogidos.» Mr 12:22.
Diré esto en forma muy responsable: Conozco líderes religiosos
evangélicos quienes en este momento están tranzando con los líderes de
este mundo para vender la Iglesia, son hombres muy conocidos en Chile
de los cuales muchos dicen palabras de honra, pero en realidad nadie
conoce sus corazones, sólo el Señor. Estos hombres están en todo el
mundo.
Recuerde que Satanás era un ángel de Dios y se rebeló contra Él
y quiso ser igual a Dios, entonces no nos debe extrañar que hayan
hombres y mujeres religiosos inescrupulosos que están vendiendo la
iglesia, están llevando a muchos pequeños a confundirse y a cometer
grandes errores.
Por lo tanto, en este tiempo con esta situación tan difícil y tan complicada que vivimos es cuando nosotros debemos proclamar la guerra.
No es que empieces a gritar, a levantar las manos y a reprender a
diestra y a siniestra, sino que debemos dar los pasos que corresponden.
Una forma efectiva de hacer la guerra y ganarla es a través
de nuestra santidad. Donde hay un hombre santo, hay demonios huyendo.
Sólo la santidad y la consagración de un hombre o de una mujer harán
huir al enemigo.
En la actualidad, como en los tiempos antiguos, hay valientes
que se están levantando, aun sin tener una tremenda preparación
académica o teológica, pero ello no los detuvo y con todo defendieron
la causa de Dios a través de esa confianza que tenían en el Señor.
Es excelente la preparación teológica, sin embargo no es un
requisito fundamental para ser valientes en esta época de cambios. Hay
valientes que se preparan en el desierto, en las luchas, en las
dificultades, en los diferentes problemas, y en medio de todo se han
mantenido fieles; de allí el Señor saca valientes.
Debemos proclamar guerra entre las naciones. Debemos anunciar
lo que está pasando, debemos anunciar que estamos en guerra. Si usted
no la ha notado, es peligroso, porque estamos en guerra. Si en nuestro
país hubiera intervención militar extranjera para espiar y destruir
nuestra nación, nuestro ejército debería levantarse inmediatamente a
detener esa intervención en nuestro país. En el terreno espiritual, el
enemigo esta interviniendo en territorios que le pertenecen sólo al
Dios de la Gloria. Esta intervención es en la iglesia, la está
destruyendo, la está confundiendo; por lo tanto no debemos tener una
actitud pasiva, de encierro, no debemos estar en posición de descanso,
ni de relajamiento. Tiene que haber posición de guerra, ponernos en pie
y de proclamar en el Nombre del Señor.
«acérquense, vengan todos los hombres de guerra.»
Debemos despertar a los valientes, a los hombres y a las mujeres de
guerra. Glorifica a Dios si Él te ha llamado a ser uno de ellos. Mi
apreciado visitante, dé gracias al Señor porque Dios le dice
«acércate». El que el Señor te llame a que tomes tus armas es porque ya
hay cambios.
La tecnología no es la misma de ayer, la ciencia se
multiplicará para destrucción del hombre contra el hombre, porque el
pecado habrá aumentado. «y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará.» Mt 24:12
Ese es el cambio que nosotros manifestamos, el hecho de que
hoy vivimos tiempos difíciles, muy complicados, y por lo tanto es un
tiempo en que debemos hacer cambios.
Si pudiéramos trasladar a este tiempo a Daniel, a Jeremías, o a
Pablo, o a cualquiera de esos grandes valientes de Dios que marcaron
historia por su fe, su acciones, sus principios, sus batallas, sus
palabras, etc., de seguro tendrían que cambiar sus estrategias, pues
ellas no servirían hoy en día. Lo garantizo, pues hoy son otros
tiempos, y de acuerdo a la época es la estrategia que debemos usar.
El profeta Joel invita a cambiar las armas.
Menciona dos herramientas de trabajo: las hoces y los azadones.
Estos elementos son usados especialmente en el campo. Las hoces sirven
para segar mieses y hierbas, para desmalezar los arbustos; y los
azadones sirven para rozar y romper tierras duras, cortar raíces
delgadas y otros usos análogos.
El profeta dice que debemos forjar espadas, fundir el metal y
hacer espadas. Las espadas no son adornos, son armas para ir a la
guerra, para destruir al enemigo. ¿De dónde vienen las espadas? «de vuestros azadones».
Las mismas herramientas de trabajo se convierten en armas de guerra. No
es otro evangelio ni otra enseñanza, los tiempos son diferentes debemos
cambiar las armas. Agrega que debemos forjar lanzas de nuestras hoces.
Es tiempo de cambios.
Recuerdo que hacen muchos años, quienes fuimos enseñados de
otra forma, nos escandalizamos un poco cuando recién se introdujo a
nuestras congregaciones esta música moderna; más fue con las baterías y
con las guitarras eléctricas. Los más adultos comenzaron a ir en contra
de ello, pensando que con usar esos instrumentos nos estábamos
desviando de la senda del Señor. Son otros cambios.
Con ajustarnos hemos ganado muchas almas para Cristo. No hemos dejado
de lado la otra música, pero sí hemos asimilados fuertemente la
renovación de la alabanza al Señor.
Antes la tecnología no era usada para los negocios de Dios, era
considerada mundana, carnal, hasta satánica. Ahora sí, hermano mío,
ahora predicamos en las radioemisoras, en los canales de televisión, en
Internet; todos estos medios fueron considerados como «del diablo»;
ahora ofrendamos para que sean sustentados. ¿Ve? Son cambios.
En la actualidad hay más hermanos profesionales que antes. Años
atrás el evangélico era lo último de la sociedad en Chile. Lo perdido,
lo desahuciado llegaba a Cristo; se creía que el evangelio era para los
pobres, viciosos, ignorantes y desechado de la sociedad. Ahora nuestros
hijos saben que deben surgir y llegar lo más alto, porque los estudios
serán usados por Dios. Requerimos que los hijos de Dios ocupen lugares
gubernamentales, de altura en esta sociedad.
Josúe fue servidor de Moisés. No habrá otro como Moisés. Murió
y Josué se levantó en su lugar y pese a que se crió a su lado, a que
aprendió de Moisés, Josué llevó las cosas de manera diferente: Moisés
era manso («Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.»Nm
12:3), Josué era más aguerrido; Moisés guió al pueblo por el desierto
en dirección a la tierra prometida, Josué los guió para conquistarla.
Hubo cambios de Moisés a Josué, no sólo de personas, sino de
mentalidad, de estrategias, de objetivos, etc., porque los tiempos eran
diferentes.
Leamos dos pasajes proféticos:
Is 2:1a,4b «Acontecerá en lo postrero de los tiempos[...] volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces;»
Miq 4:3 «Acontecerá
en los postreros tiempos [...].Y él juzgará entre muchos pueblos, y
corregirá a naciones poderosas hasta muy lejos; y martillarán sus
espadas para azadones, y sus lanzas para hoces;»
Cuando vivamos el reinado universal del Señor, las lanzas y
espadas volverán a su estado original, ya no se requerirán armas, pues
no habrán guerras. La estrategia volverá a cambiar, pues serán otros
tiempos, tiempos totalmente opuestos a los actuales, serán tiempos de
paz. Volverán a haber cambios.
Estamos en los tiempos postreros en que Dios quiere que se
levanten los hombres valientes, las mujeres osadas, capaces de plantear
desafíos y que se atrevan a un evangelio más de avanzada, como Josué.
Es tu obligación responder al llamado de Dios. Si las autoridades no te
apoyan , hazlo tú solo. Lo digo en forma muy responsable. No dejes que
el anciano Elí impida surgir al joven Samuel. Tendrás que dar cuenta
por tu llamado. Amén.

ermanos el señor les vendiga en gran manera me gustaria escribiele en persona a un profeta o siervo de dios